¿Cómo puede la ascendencia de Marte en el momento de mi nacimiento influir sobre mí, ni entonces, ni ahora? Yo nací en una habitación cerrada; la luz de Marte no podía entrar. La única influencia de Marte que podía afectarme era su gravitación. Sin embargo, la influencia gravitatoria del tocólogo era mucho mayor que la influencia gravitatoria de Marte. Marte tiene mayor masa, pero el tocólogo estaba mucho más cerca."

Carl Sagan en La armonía de los mundos.

16 febrero 2011

Comerse la Luna


Para hoy, una dosis de Historia-Leyenda de las que tanto me gustan: el origen del croissant.
Aunque la forma del famoso bollo ya era tradicional en países árabes como Argelia o Marruecos, fue en Viena donde nació el croissant tal y como lo conocemos hoy. Y aquí viene la parte de leyenda.
En 1683, las tropas otomanas al mando del gran visir Kara Mustafá, durante su campaña por el Danubio, cercaron Viena. Si lograban entrar en la ciudad, lograrían la conquista europea más importante después de la de Constantinopla en 1453.
¿Y qué tiene que ver Viena con Constantinopla? Pues mucho, pues al obtener esta ciudad, los otomanos adquirieron su símbolo, la media luna. Y es que Constantinopla, cuando se era una colonia griega llamada Bizancio, se salvó de un ataque gracias a la luz de la Luna, que descubrió a los atacantes cuando intentaban tomar las murallas. Por ello, los bizantinos adoptaron la media luna como símbolo, en agradecimiento a la diosa lunar Artemisa.
Y ahora volvamos al siglo XVII, con los otomanos a las puertas de Viena, e intentando penetrar en la ciudad de noche, amparados por el silencio, la oscuridad y el sueño de los vieneses.
Sin embargo, el ejército invasor no contó con que, a esas horas intempestivas, los panaderos se encontraban trabajando (por aquel entonces no había servicio de recogida de basuras, por lo que serían los únicos en vela a esas horas), y entre sacos de harina y hornos de leña, se percataron del movimiento de tropas en pleno ataque. Ni cortos ni perezosos, los panaderos dieron la voz de alarma, obligando a los otomanos a cejar en su empeño de tomar Viena.
Y como celebración, crearon un pan llamado halbmond, que en alemán significa media luna, y que acabó derivando en el actual croissant.
¿Y por qué es una leyenda? Pues porque hay otra versión. Ésta también se sitúa en Viena, y tiene como protagonista al hombre de negocios polaco Jerzy Franciszek Kulczycki quien, durante el ataque otomano, logró huir de la ciudad para alertar a Carlos V de Lorena, y volver para alentar a los defensores, pues aseguraba que las tropas del Rey de Polonia acudirían a ayudar a los vieneses.
Y aquí viene lo mejor. No sólo los otomanos se largaron de allí, sino que el propio Kulczycki recuperó, entre los enseres abandonados por los soldados en retirada, unos sacos llenos de café, un producto desconocido por los europeos. Para celebrar la victoria, comenzó a servir esta bebida acompañada por kipferl, unos pastelitos que ya existían en el siglo XIII, pero que a Kulczycki le venían de perlas, pues tenían forma de media luna.
Sea historia o leyenda, no deja de ser curioso que ese bollo riquísimo, protagonista de tantos desayunos y meriendas, sea el resultado de sangrientas campañas militares...